12.10.09

Nostalgia abrumadora...

Hace un par de semanas regresé a mi tierra natal, hacía seis meses que no acudía, el motivo era ir a la playa con la familia y acudir a mi Alma Máter por el (tan preciado por muchos y necesitado por otros) titulo y la cédula profesional. Así que acudí, un lunes, como cualquier otro, con la excepción de estar ahí, llegué y crucé el puente peatonal, cosa que no había cuando estudiaba, fue muy extraño, recordé las inundaciones, los atropellados que hubo al cruzar por la avenida en el tiempo en el que estudie ahí, vi como muchas personas cruzaban el puente dándolo por hecho, y me alegré de poder utilizarlo por primera vez. Aun conservo mi credencial, no ha sido tanto tiempo que salí, así que no me dio problema alguno cruzar los guardias de la entrada, caminé, recorrí el largo pasillo hasta llegar a las oficinas, confieso, tuve que preguntar pues había perdido el conocimiento de a donde acudir por mi título, además iba observando a las chavas, no recordaba que fueran tan lindas todas en la escuela, pero me sorprendí al recapacitar que la mayoría de las estudiantes se encontraban por lo menos en 6to de primaria y cuando mucho en primero de preparatoria, cuando yo entré a la universidad, en resumen, solo había mocosos con frescura y juventud. Llegué y no me costó preguntar por mi título y me confirmaron que ya estaba, mientras tanto una chava con una niña de unos 2 años me observaba disimuladamente, su rostro me parecía familiar, como de la generación, asumí que a ella también le resultaba familiar, y también asumí que en estos 3 años que terminamos la carrera se dedicó a hacer familia para bien o para mal.
Intentando que esto no se vuelva insulso trataré de ir más al grano, recibí mi título sin pena ni gloria, no escuché fanfarrias ni me iluminó un rayo de luz, solo tuve mi carpeta, firmé y me salí de la oficina.

Decidí dar una última vuelta antes de alejarme, vi a un maestro, de esos que te hacen sufrir la carrera, pero esta vez no fue amenazante, lo vi con los ojos de quien entiende que a lo mejor es una persona inteligente con malas elecciones y se ha convertido en un amargado perdedor docente. También me vi a mi mismo, en un chavo que iba cabizbajo con la melena china y alborotada, con la ropa sucia y rota y un bolso de mensajero, me recordó a mi mismo en hace unos años.
Quise ver caras conocidas y al único que pude encontrar fue al hermano pequeño de un amigo, ya estudia ahí, solo algunos maestros me resultaron conocidos.
Me dirigí a lo que antes fue el complejo de salones donde tomaba casi todas mis clases, donde pasé más tiempo en todo el tecnológico, aquel recorrido cafetería-aulas que parecía tan ordinario me resultó raro pero familiar, vi los edificios, no habían cambiado, decidí entrar.

Me sorprendió ver tantos anuncios en las paredes, materias, congresos, cuartos en renta, residencias, búsquedas de guitarristas, clubes, en fin. Me agradó suponerlo lleno de vida, las aulas estaban solas en su mayoría, y entonces, antes de dirigirme al baño a “drenar a la bestia”, entonces sucedió… me abrumó la nostalgia, sentí una especie de cachetada muy fuerte, una cubeta de agua helada escurriendo por la espalda, una ola grande, inundándome, inundando todo a mi alrededor, devorándome y ahogándome. Comencé a recordar a todos mis compañeros, como me sentía tan ínfimo y pequeño cuando recién comencé a tomar clases en esas aulas, todas las desveladas, el cansancio, las crudas, los buenos amigos, los enemigos, las ex parejas, enfermedades, tareas y proyectos, me acordé de ella y el día en que decidí hablarle, me vi a mi mismo, con el mismo morral, pero sin ropa de marca (no porque la busque o prefiera, me la regalan y en el trabajo me la piden) los pantalones rotos, las playeras deslavadas, ahí, sentado en el pasillo haciendo la tarea, o simplemente platicando. Y he de confesar que fue abrumador, pasé al baño y me lavé la cara, no dejaba de saturarme de recuerdos, tan profundos, tan eternos y tan míos. Mareado aún, decidí salir de ahí, pues me resultaba tan familiar y tan extraño, me alejé a prisa, a la parada del camión y luego tomé un taxi a visitar a un amigo y en el camino todavía me seguían bombardeando recuerdos, me sentí tan grande, tan crecido, tan progresado, tan cansado y acabado, con los sueños hechos realidad y la sustentabilidad de mis miedos que casi me pongo a sollozar, pero como nunca es bueno mirar al pasado, decidí volver a alejarme de eso, a sabiendas, por lo pronto, que si no es por una maestría o para llevar a mis hijos a la escuela, no regresaré a esas aulas.

"La memoria del corazón elimina los malos recuerdos
y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio,
logramos sobrellevar el pasado." - Gabriel García Márquez

3 comentarios:

Gloria Riaño dijo...

Te sentiste, flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones??


Yo sé de esas tristezas, lo bueno mi querido Huitzil es q poco de lo q recordasté son frustraciones, lo demás es púra satisfacción, no se me ponga triste.

Te quiero mucho!

Sgto Carrujo dijo...

:( ...

se lo que es eso...

mujer del traje gris dijo...

Modestia aparte, yo soy una maestra para eso de las nostalgias (por no decir esclava de mis memorias).

Ya es ganancia que el eco de tus pasos en esos lugares no retumbe como eco de tambos vacíos.

Dice Sabina que al lugar donde has sido feliz no debieras jamás de volver.